Arrullamos nuestros sueños
con el estrellado manto celeste,
envueltos en movimientos acogedores
de animales con piel blanda
que en busca de protección acuden
a nuestro calor, inclusive a cielo abierto.
Suave tu arrullo Pachamama.
Grandioso tu recibimiento padre Sol.
Recorremos cada vez más caminos
a manera de chasquis, solo que
comprendimos que de dos en dos
la voz con el mensaje se transmite
con más fuerza.
¡Quiéreme madre!
¡Quiéreme padre!
¡Quiéreme hermanas!
¡Quiéreme hermanos!
He venido para quedarme
y sembrar mis semillas,
he venido con una mano más fuerte
porque hoy somos más que ayer.
¡Gritemos todos juntos hasta el cielo!
¡No quiero pan, no quiero vino!
¡quiero maiz, papa, quinua
y un poco de tu NO OLVIDO!
¿Puedes tocar mi corazón
una vez más madre mía?
Necesito compartir tu amor
y sobre todo tu gran sabiduría.
Necesito respirar tu aire,
trabajar entre el canto y el baile
de un mundo que rejuvenece
y no cierra los ojos al cambio
y la diferencia que renacen.

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