Arrullamos nuestros sueños con el estrellado manto celeste, envueltos en movimientos acogedores de animales con piel blanda que en busca de protección acuden a nuestro calor, inclusive a cielo abierto. Suave tu arrullo Pachamama. Grandioso tu recibimiento padre Sol. Recorremos cada vez más caminos a manera de chasquis, solo que comprendimos que de dos en dos la voz con el mensaje se transmite con más fuerza. ¡Quiéreme madre! ¡Quiéreme padre! ¡Quiéreme hermanas! ¡Quiéreme hermanos! He venido para quedarme y sembrar mis semillas, he venido con una mano más fuerte porque hoy somos más que ayer. ¡Gritemos todos juntos hasta el cielo! ¡No quiero pan, no quiero vino! ¡quiero maiz, papa, quinua y un poco de tu NO OLVIDO! ¿Puedes tocar mi corazón una vez más madre mía? Necesito compartir tu amor y sobre todo tu gran sabiduría. Necesito respirar tu aire, trabajar ...
Pocos vuelven a repensar el gran valor de un afecto.